Nací en la Ciudad de México en 1972 y desde niña me llamó la atención el arte. Recuerdo haber participado en todo tipo de concursos que despertaran la creatividad y en algún momento me inscribí en clases de pintura para adolescentes, actividad que disfruté mucho. Años más tarde la vida me llevó a estudiar Administración de Empresas, así que mi carrera profesional se desarrolló más por el lado de los negocios. Aun así nunca perdí el gusto por el arte, y ocasionalmente seguí involucrándome en actividades que tuvieran que ver con ese mundo.

Cuando llegué al final de mis 30s se empezaron a cruzar en mi camino muchos mosaicos, así que lo tomé como un llamado. Me di cuenta que el mosaico es un tipo de arte que casi siempre genera en mí emociones positivas, sea cual sea el tema, o incluso cuando no hay tema. El sólo hecho de tener una explosión de colores acomodados alrededor de un espejo, una vasija, o en forma de mesa de jardín me transmite una alegría inexplicable.

Mientras más reflexionaba sobre los mosaicos empecé a encontrar muchas coincidencias con todo lo que había aprendido sobre espiritualidad y desarrollo de conciencia (que son temas que también me apasionan). Cómo verle el lado espiritual a un mosaico? Imaginando que cada pedazo de vidrio o piedra (llamado tesela) es único: su textura, nivel de brillantez, colorido, tonalidad dentro de un mismo color; ninguna tesela es igual a otra aunque así lo parezca, pero al mismo tiempo todas esas teselas juntas contribuyen a formar parte de algo mucho más grande y espectacular; algo que tiene sentido y que puede tomar la forma de lo que queramos simplemente si podemos imaginarlo.

Un mosaico es también como la vida misma que está formada de innumerables momentos; unos momentos dan luz, otros dan sombra y otros hasta obscuridad, pero al final el resultado es un balance perfecto y necesario para que la obra sea bella y rica en su totalidad.

Mi repentino interés por los mosaicos me llevó a Italia en el año 2010 para tomar un par de cursos sobre esta disciplina: uno en Ravenna en la escuela de la Maestra Luciana Notturni, una de las artistas más reconocidas de la ciudad, y del mundo de los mosaicos a nivel internacional. Tomé un segundo curso en la ciudad de Roma con el Maestro Enzo Aiello, un artista que desarrolló su carrera de mosaiquista en los talleres de arte del Vaticano, y ha trabajado en un sinfín de proyectos, principalmente en Italia y Nueva York.

Mis primeras obras fueron comisiones de empresas que me pidieron hacer sus logotipos con mosaicos. Para mis obras con tema libre me encanta promover la cultura Mexicana por su alegría y colorido, o bien cualquier otro tema que tenga que ver con el placer de vivir, o con inspiraciones de la vida cotidiana (personas, viajes, experiencias culturales).

Adicional a los mosaicos me gusta mucho la escultura, así que actualmente estudio esta disciplina con la Maestra Victoria Gutiérrez que cuenta con múltiples exposiciones individuales y colectivas tanto en México como en el extranjero.

Deseo pasar la segunda mitad de mi vida haciendo más de lo que realmente me apasiona, y espero que mis obras transmitan a otros la misma energía positiva que pongo en ellas al llevarlas a cabo. Soy amante de la vida y pienso que hay que vivirla lo mejor posible… y el arte hace que la vida siempre sea mejor!

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Inspiración Otomí
Mosaico sobre madera
135 x 74 cm
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Mosaico sobre madera
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Mosaico sobre madera
101 x 101 cm
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Mosaico sobre madera
31 x 31 cm, 41 x 41 cm y 31 x 31 cm
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Resina en acabado bronce
19.5 x 30 cm
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